Más de un año, tiempo suficiente.
Para que? Para seguir dándole vueltas al mismo asunto. Obvio. Porque pareciera que aunque pasarán todos los años de la existencia humana las ideas no variarán. Los pensamientos recurrentes seguirán uno después de otro, como en una cadena de tortura interior que no hace más que alejarte de ti mismo y de los demás.
Tener buena memoria dejó de ser una virtud. Porque con la misma facilidad que se dibuja en esa nada totalitaria de la mente tu recuerdo más tierno del primer abrazo "de amor", puedes escuchar una y otra vez las mismas frases que te han hecho llorar.
Cuán frágiles y relativos son el tiempo y la memoria!!! Hace un tiempo me propuse escribir sólo las cosas buenas (si, escribirlas en mi diario de vida), para poder releerlas, recordarlas y tener una fuente a la que acudir para aliviar los momentos menos afortunados. Y si, ahí están, uno tras otro los momentos cargados de risas y sonrisas, abrazos y besos, archivados bajo capas y capas de polvo... Tiene que ser demasiada la desesperación para que saque el mentado cuaderno.
No hay estrategia para combatir. No se si se pueda ganar de alguna manera la batalla. Sólo tenemos la experiencia: hay quienes pudieron.
Luchar con el pasado o, simplemente, dejarlo caminar atrás tuyo, como una sombra constante, vociferante, inquietante. Entonces, no importa la cantidad de meses que haya pasado. No importa si tienes buena o mala memoria. La posibilidad de la "tortura", está presente siempre.
No hay tiempo suficiente. Hay voluntad poco resistente.
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