Conta en busca de sentido


A menudo las cosas no suceden como queremos, a menudo todo pierde sentido; pero también lo recobra conforme avanzamos y le sonreímos a la vida. De eso se trata, de vivir, de sonreír y escribir...


18.6.14

Bemol !

Los árboles pasan y pasan. avanzar por las carreteras de éste país me relaja. Es como recorrerme a mí mismo: un ir y venir a toda velocidad, atravesando parajes desconocidos, acortando caminos por los desvíos más improbables para terminar volviendo arrepentido a la ruta de siempre. No sé hace cuánto me nació la memoria; pero desde que está, no ha dejado que nada pase por alto. Nuestra relación de amor y odio no me deja tranquilo por las noches. Ni por las mañanas.

- Paremos en la Copec un rato, así estiramos las piernas y comemos algo.

Caminar. Eso es lo que en realidad yo quería hacer. Me alejo entre los árboles tras la estación buscando la paz que me permita volver a ese momento, la clave de todo lo que soy. Me tiendo en el pasto cerca de las raíces de un roble viejo. Está húmedo.

Nací el 9 de junio. Un frío día de otoño, pero soleado. No, ese no es mi primer recuerdo ni la clave de nada. Ese día nací y, con mucho, me pusieron el nombre; pero me lo contaron. Yo nací cuando nació mi memoria, cuando los hehcos se empezaron a fijar en mi mente de una manera casi exacta. Nací ese día de diciembre, cuando me caí de la bicicleta, cuando las niñas se rieron de mí y nunca más dejé que mi papá me sacara a practicar. Nací cuando las gotas de lluvia me golpearon en la cara al caminar a casa después de la escuela, por primera vez solo.

Me paro  devuelvo lo andado. Ya habrán comido los demás.

Desde mi asiento al lado de la ventana, veo pasar los verdes prados. Esos que me hubiera encantado recorrer en los días de colegio. Los animales libres, al menos en apariencia, como no lo he sido nunca yo. Esos días de encierro constante, calor, hombre, pelota (de lo que fuera: fútbol, basquetbol, rugby, tenis... a los hombres nos da igual), clases, matemáticas. Debe ser bueno con los números; en esta familia no hay ningún mediocre en matemáticas. Todos tus primos ya son ingenieros, repetía siempre la abuela. Desde ese momento me propuse ser otra cosa. Si, en ese momento nací, cuando las decisiones pasaron por mí y no por los otros. Cuando dije que estudiaría historia y lejos de esa aburrida metropoli. Nací ese día, cuando los primos y los tíos me miraron asqueados, desechandome de su perfecta familia. El verde camino me devuelve la esperanza y la alegría. Sí, nací ese día porque lo dije y lo hice. Porque tuvieron que pasar dieciocho años desde que llegara al mundo para que de verdad me hiciera parte de este mundo. Avanzar, esa es mí palabara. Avanzar para nacer. Avanzar para salir de la ciudad a este "pueblo" del sur, un pueblo con universidad, donde me vine a hacer mi vida, a ser mi vida. Donde me vine a estudiar historia.

15.6.14

Un año...

No se me olvida que existe. Todo lo contrario, lo recuerdo más a menudo de lo que pareciera... Sin embargo, pasó un año completo y unos pocos días más desde la última entrada en este blog.

Hay algo en la emocionalidad de Conta que la impulsa a escribir en los momentos límite. Esos momentos en que se siente con más rapidez de lo que la mente puede asimilar. Y la  mente dicta más de prisa de lo que los dedos pueden tipear.

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Y es que hay momentos en la vida en que quisieras decir tantas cosas!!! Pero eres incapaz de decir una palabra, tres letras: FIN. Y así una serie de otras palabras que se quedan atoradas esperando que el valor nos pegue una palmadita por la espalda, para que expulsarlas deje de ser un deseo, para ser una realidad.

Decir. Ser. Decir. Ejercicios de coherencia que parten incoherentes desde el interior. Paradojas de la vida. Por eso decir se puede volver tan complejo. Por eso hacen falta las palmaditas, las amigas con tirabuzón que te ayudan a verbalizar y hacer concretas esas tres letras. Que al fin y al cabo es lo que necesitamos... o quizá más que concretizar el pensamiento, son los sentimientos. Esas mezclas extrañas que se producen... y es que entre el amor y el odio puede haber mucho menos que un paso; es TAN estrecha esa distancia, pero puede gatillar cambios abismales en los proyectos que nos vamos formando. Sobre todo cuando no se trata sólo de nosotros.

Ser. Pensar. Sentir. Decir. Coherencia.
Demasiado para mí. Demasiado para la gente en general. Entonces viene la crisis de llanto, cuática. La desesperación porque quieres decir y hacer lo más correcto, lo mejor, lo que cause menos daño, menos dolor, pero no se pueden controlar ni medir los efectos que las decisiones que tomamos tienen en los demás.

Y todo se vuelve una paradoja en este minuto.
Y la cabeza se llena de cruces, aunque las tres letras se dibujen cada vez más claras en la línea del horizonte.