Conta en busca de sentido


A menudo las cosas no suceden como queremos, a menudo todo pierde sentido; pero también lo recobra conforme avanzamos y le sonreímos a la vida. De eso se trata, de vivir, de sonreír y escribir...


15.6.14

Un año...

No se me olvida que existe. Todo lo contrario, lo recuerdo más a menudo de lo que pareciera... Sin embargo, pasó un año completo y unos pocos días más desde la última entrada en este blog.

Hay algo en la emocionalidad de Conta que la impulsa a escribir en los momentos límite. Esos momentos en que se siente con más rapidez de lo que la mente puede asimilar. Y la  mente dicta más de prisa de lo que los dedos pueden tipear.

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Y es que hay momentos en la vida en que quisieras decir tantas cosas!!! Pero eres incapaz de decir una palabra, tres letras: FIN. Y así una serie de otras palabras que se quedan atoradas esperando que el valor nos pegue una palmadita por la espalda, para que expulsarlas deje de ser un deseo, para ser una realidad.

Decir. Ser. Decir. Ejercicios de coherencia que parten incoherentes desde el interior. Paradojas de la vida. Por eso decir se puede volver tan complejo. Por eso hacen falta las palmaditas, las amigas con tirabuzón que te ayudan a verbalizar y hacer concretas esas tres letras. Que al fin y al cabo es lo que necesitamos... o quizá más que concretizar el pensamiento, son los sentimientos. Esas mezclas extrañas que se producen... y es que entre el amor y el odio puede haber mucho menos que un paso; es TAN estrecha esa distancia, pero puede gatillar cambios abismales en los proyectos que nos vamos formando. Sobre todo cuando no se trata sólo de nosotros.

Ser. Pensar. Sentir. Decir. Coherencia.
Demasiado para mí. Demasiado para la gente en general. Entonces viene la crisis de llanto, cuática. La desesperación porque quieres decir y hacer lo más correcto, lo mejor, lo que cause menos daño, menos dolor, pero no se pueden controlar ni medir los efectos que las decisiones que tomamos tienen en los demás.

Y todo se vuelve una paradoja en este minuto.
Y la cabeza se llena de cruces, aunque las tres letras se dibujen cada vez más claras en la línea del horizonte.