Es derecho de fieles rogar por un milgaro. En eso las cartas son enfaticas: no habrá testimonio hasta después de la prueba de la fe. La fe antecede al milagro. En fin, lo dice al menos un par de veces más, para que los tardos de entendimiento como yo, tengamos las cosas claras al momento de actuar y tomar desiciones que pueden afectar el curso de más de una vida.
Pero llega el momento en que todas las advertencias parecen estar de más, porque la seguridad es el ingrediente principal de los posibles actos de cada uno. Y nos tiramos a la piscina y luchamos y luchamos para que se concrete un milagro (porque muy obra de Dios serán los milagros, pero siempre a uno le toca una bueeeena porción de trabajo!)... y ¡vualá! Si, eso era todo lo que había pedido, lo que necesitaba, lo que ese otro por el que oraba necesitaba, pero ... pero ...
Nadie sabe para quien trabaja ... Esa es la parte triste de la historia. Dios SIEMPRE hace su parte, NUNCA nos deja pagando si hemos hecho nuestra parte primero, pero sus caminos no son nuestros caminos y sus designios no siempre podemos llegar a comprenderlos. Un poeta dijo: De otro, será de otro. Y si, muchas veces el milagro no es para uno, es para otro; otro que se deslumbra con la maravilla de un Padre infinitamente amoroso, otro que descubre que la felicidad se contruye y la herramientas están al alcance de la mano, otro que se sorprende porque no era malo como parecía, otro que ríe, otro que se emociona, otro ... otra.
Si, las bendiciones no siempre las vemos y muchas veces creemos que se equivocaron de receptor, pero no, cuando se actúa en justicia, se recibe en justicia ... Él NUNCA nos deja solos. Tal vez no probemos los frutos del milagro por el que luchamos, pero si recibimos las bendiciones por haber sido valientes, por haber puesto a prueba la fe, por no darnos por vencidos y por no dejar que el sentmiento de derrota ganara la batalla.
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